sábado, 16 de noviembre de 2013

Capítulo 5

El móvil empezó a sonar con su melodía característica “Tu jardín con enanitos” de Melendi. Silvia estaba leyendo Cállame con un beso, la segunda parte de Canciones para Paula. Se sorprendió al ver que la persona que la llamaba era Claudia. Qué raro, creía que seguiría enfadada.
-          ¿Claudia?
-          ¡Hola Silvia!
-          Dime.
-          Ponte guapa. Vamos a ver un partido de fútbol. – dice muy contenta.
-          ¿Un partido de fútbol? – pregunta Silvia extrañada.
-          ¡¡Sííí!! Es la final, juega el equipo de Sergio  ¿vienes?
-          Pues no sé…
-          Vamos, por fa, por fa, por fa, por fa, por fa…
-          Vale, vale, iré
-          ¡¡¡Bieeeeeeeeen!!! – se escucha al otro lado de la línea. – Paso a recogerte en una hora.
-          Que boba eres.
-          Pero me quieres
-          Un poco – responde con una sonrisa.
-          Hasta luego.
-          Adiós.
Parece que Claudia está de buen humor. Se alegra de que el enfado de ayer haya quedado en el olvido. Cierra el libro y abre el armario. Opta por unos vaqueros cortos y una camiseta de tirantes naranja con estampados. Se ducha rápidamente y en media hora está lista. Se deja el pelo suelto, cayéndole por los hombros, suave y tan liso como siempre. Aún falta media hora para que Claudia llegue así que continúa con su lectura. Ya casi ha terminado el libro ¡y eso que lo empezó ayer! Pero está tan bien…
Al poco rato suena el timbre. Claudia se ha recogido el pelo en una coleta alta. Las dos salen de casa.
-          También viene Carla – comenta Claudia.
-          ¿A sí? Qué bien – añade su amiga – a ver si nos presenta a Víctor.
-          ¡Chicas! – se oye la voz de Carla. Ambas se giran y saludan a su amiga exageradamente. Algunas personas las miran. – Hola, ¿qué tal?
-          Bien
-          Este es Víctor. – les presenta un poco tímida por la reacción de sus amigas.
-          ¡Hola! – saludan ellas dándole dos besos. - Yo soy Claudia.
-          Yo Silvia.
-          Víctor; Carla me ha hablado mucho de vosotras.
-          No le hagas caso, todo mentira. – dice Claudia. Todos ríen y prosiguen su camino al campo de fútbol.
Las chicas cogen rápida confianza con el novio de su amiga y eso alivia a Carla. Parecen llevarse bien. Por el camino hablan y ríen entre todos. ¡Hasta Silvia le gasta bromas a Víctor! Y eso que ella es algo tímida… pero cuando se suelta es muy maja.
-          Venid, vamos a saludar a Sergio y ahora nos sentamos – dice Claudia una vez en el campo.
-          ¿Sergio? – pregunta Víctor extrañado.
-          El novio de Claudia – aclara su chica.
-          ¡Sergio!
-          Hey, hola. Ya pensaba que no vendríais – dice dándole un beso a su novia.
-          Tonto, no me lo perdería por nada del mundo. Mira este es Víctor, el novio de Carla.
Los dos chicos se saludan y luego se van a sentar. De repente oyen una voz a sus espaldas.
-          Vaya, vaya, no esperaba veros por aquí.
-          ¿Alexis? – pregunta Silvia extrañada - ¿qué haces tú aquí?
-          Juego en el equipo – dice señalando el escudo que lleva en la camiseta.
-          Pues que sepas que os van a meter una paliza – dice Claudia – mi novio juega en el equipo contrario.
-          Pues deséale suerte, la va a necesitar. – dice con una amplia y bonita sonrisa. – Silvia, anímame ¿vale?
-          ¡Ja! Ni lo sueñes. Yo animo a Sergio. – responde ella entrelazando el brazo con el de su amiga.
Alexis le muestra una media sonrisa sexy y, después de guiñarle un ojo, se va al campo corriendo.
El partido comienza. Al no ser una categoría profesional, cada tiempo dura 30 minutos. Alexis juega de delantero, y lo hace realmente bien pero en el minuto 23 el equipo de Sergio marca gol. Un tal Jorge es el responsable de que la gente lo celebre.
-          ¡Goooooooooooooooooooooooooooooooool! – gritan Claudia  y Silvia a la vez que se levantan y aplauden entusiasmadas.
-          ¡Han marcado! ¡Sííí! – grita Carla que se une a ellas.
Silvia mira a Alexis y se encoge de hombros como diciendo: Otra vez será. Este la mira y le hace un gesto con la mano. Ella sonríe. Carla le da un codazo para nada disimulado y le dice al oído.
-          Parece que ese chico te ha dado fuerte ¿eh?
Silvia mira a su amiga y ambas rompen a reír. Claro que le ha dado fuerte ¿Quién no se fijaría en él? Pero ahora no es tiempo de reír, al menos a esa parte de las gradas. Y es que acaban de marcar un gol… ¡Alexis!
-          ¿Qué?
-          Mierda.
Ahora los cuatro amigos se sientan. Lo bueno ha pasado muy rápido.
-          Silvia, mira.
Ella levanta la cabeza y ve que Alexis le está dedicando el gol. Sonríe para sí.
El árbitro pita el descanso. Y los jugadores se sientan en el banquillo. Los cuatro amigos acuden con Sergio que parece un poco alicaído.
-          ¿Pasa algo? – pregunta Claudia.
-          Es Andrés, se ha lesionado y no tenemos reserva.
-          ¿Puede jugar cualquier persona?
-          En esta situación… si
-          ¿Por qué no juega Víctor? – pregunta Claudia.
-          ¿Quieres jugar? – pregunta Sergio algo más animado.
-          Vale.
-          Pues corre a ponerte el traje, te esperamos aquí.
Las tres chicas se van a sentar pero el rubio las intercepta.
-          ¿Qué tal el partido? ¿Seguís tan confiadas como siempre?
-          Pues claro. – responde Claudia.
-          No deberíais.
-          En media hora nos verás celebrar nuestra victoria. – dice Silvia.
-          Ya veremos. – responde sin perder la sonrisa – cuando marque de nuevo no vengas a pedirme que te dedique el gol otra vez.
-          No lo haré, descuida.
-          En realidad te mueres de ganas por animarme
-          Pues te vas a quedar con las ganas. – responde ella cruzándose de brazos.
Y dicho esto las tres amigas logran llegar a las gradas para ver el siguiente tiempo.
El árbitro señala el comienzo de la segunda parte. Los ánimos están a flor de piel. Los espectadores cantan y animan a su equipo y los jugadores se esfuerzan al máximo. Silvia ve a Alexis con el balón muy cerca de la portería pero Víctor se lo roba en el último momento y corre hacia la portería contraria. Es sorprendente la jugada que hacen él y su compañero de equipo Daniel. Tanto que despistan al portero y, si el palo hubiera estado dos centímetros más a la izquierda hubieran marcado. En las gradas se escuchan suspiros de alivio y de decepción.
-          ¡Qué bien juega Víctor! – exclama Claudia.
-          ¿Qué esperabas? Es mi novio – responde Carla encogiéndose de hombros aunque, la verdad ella también está sorprendida.
El resto del partido transcurre con algún que otro susto. Alexis casi marca en dos ocasiones pero Carlos, el portero defiende la portería como si le fuera la vida en ello. Y por fin llegó el momento, a falta de cuatro minutos. Víctor llevaba el balón, el portero estaba preparado pero en el último segundo se la pasa a Sergio. Este chuta y…
-          ¡Goooooooooool! – gritan los amigos y familiares.
Las chicas se levantan de un salto y aplauden con fuerza. Cuando el árbitro marca el final de partido, las tres amigas corren junto a su equipo. Carla derecha a Víctor, Claudia a Sergio y Silvia a Carlos, un amigo de la infancia. Se abrazan y les dan a enhorabuena.
-          Esta noche salimos a celebrarlo – dice Carlos – os invito a una ronda.
-          Rápido, grabadle, que después nos toca pagarlas a los demás. – añade Daniel entre risas.
-          ¡Oye! – responde Carlos golpeando a su amigo.
-          Anda, dejad de comportaros como críos – señala Claudia - ¡Foto de grupo!
Los jugadores se apiñan para la foto. A la siguiente se unen también las novias y demás amigas.
-          ¿Quién nos puede sacar una foto a todos? – pregunta Carla mirando a ver si ve a alguien conocido.
-          ¡Alexis! – lo llama Claudia.
-          Dime – dice él acercándose a la chica.
-          Ya que habéis perdido, ¿puedes sacarnos una foto a todos?
-          Está bien – accede este sin mucho entusiasmo.
-          ¡Bien! Vamos Silvia – dice la rubia tirando de su amiga.
Claudia se coloca junto a Sergio y Silvia al lado de Carlos. Alexis dispara dos fotos. En la segunda Carlos coge a Silvia por los aires.
-          ¡No! ¡Bájame! – grita ella - ¡Carlos!
Él se ríe a carcajadas.
-          Y encima no te rías. ¡¡Carlos!! – Dice ella golpeándole e intentando que la suelte.
Es tal el empeño que pone la muchacha por regresar al suelo que al final consigue que Carlos tropieza y ambos caen al suelo.
-          Vaya, pesas más de lo que recordaba – dice Carlos cuando Silvia se quita de encima.
-          Pero serás… - dice dándole un puñetazo en el brazo.
-          Y más violenta
-          Tú, sin embargo, sigues tan infantil como siempre – dice ella sin parar de reír.
Alexis le devuelve la cámara a Claudia y se despide con la mano. Las chicas se despiden entre gritos.
-          Por cierto, ¿de qué conocéis a ese tío? – pregunta Carlos.
-          Ah, es el nuevo novio de Silvia.
-          ¡Claudia!
-          ¿Tú novio? – pregunta Carlos que de repente se ha puesto serio.
-          No, son bobadas de Claudia. Le conocimos en una discoteca – se apresura explicar ella.
Después de eso los chicos se despiden y se van cada uno a su casa para ducharse. Ya han quedado para salir esa noche.
Las tres amigas quedan bastante antes. No hay nada como quedar para prepararse todas juntas.
Están en casa de Silvia. Su padre está de viaje en Zaragoza por una semana y está sola en casa. Hace unos años eso habría sido impensable. No sabía cocinar, ni era capaz de limpiar toda casa… pero es que nunca lo necesitó porque su madre se ocupaba de todo. Su madre… aún recuerda su preciosa sonrisa, el beso que le daba todas las noches, sus abrazos de consuelo y sus broncas. También las echa de menos. Desde aquel accidente nada ha vuelto a ser igual. Pero poco a poco su padre y ella han logrado superarlo y seguir con una vida más o menos feliz.
Las seis. Las chicas tienen que estar al llegar, se dice Silvia. Y en efecto, en cinco minutos sus amigas aparecen sonrientes por la puerta. Cada una tiene tres modelitos posibles para salir esta noche. Claudia se prueba el primero mientras sus amigas esperan sentadas en el salón. Siempre lo hacen así, como si fuera un pase de modelos.
El primer conjunto que ha elegido su amiga es una falda de tubo negra con una camiseta abrochada al cuello de color rosa y unos tacones del mismo color; las chicas dan su opinión: falda sí camiseta no. Así que la chica se prueba los otros dos y entre las tres deciden el conjunto ganador. Falda de tubo negra con una camiseta de hombro caído en tonos rojizos y unas sandalias de tacón a juego con la camiseta.
Carla repite la misma operación que su amiga y el conjunto ganador es: pantalones de cintura alta, de color aguamarina, camiseta atada al cuello, espalda descubierta, de color blanca y con detalles aguamarina y plataformas blancas.
El conjunto ganador de Silvia es un vestido palabra de honor con un tirante atado al cuello corto, de color morado y detalles en plata y unas sandalias de tacón plateadas también.
Las siete. Las chicas se alisan el pelo y se maquillan un poco y después esperan hasta que Sergio y Víctor las pasan a buscar.
-          Guau – dice Sergio al ver a las chicas.
Víctor silba y agarra a su novia por la cintura.
-          Verás como algún tío intenta ligar contigo.
-          Me sé de uno que ya lo intentó mientras estaba empapada.
-          ¿Sí? Qué gran tipo – dice dándole un beso en los labios.
-          Iros a un hotel – dice Claudia sonriendo.
La pareja sonríe también y todos se encaminan a la discoteca. Hay buen ambiente. El grupo de amigos se reúnen junto a la barra a pedir algo para beber. Sueña la canción “Higher” de The Saturdays.
-          Vamos a bailar – dice Claudia que le encanta esa canción.
Las tres chicas se suben en la pista, en ese momento vacía y bailan la canción. Algunas personas se acercan y las animan desde abajo. Sus amigos también se acercan con las bebidas en la mano. Ellas los saludan sin dejar de bailar ni cantar. Cuando la canción finaliza bajan de la pista no sin antes recibir algún que otro aplauso.
Cada una coge su respectiva copa y van a bailar con sus amigos.
A las dos solo quedan Víctor, Carla, Sergio, Claudia, Daniel, Carlos y Silvia.
Víctor y Carla está hablando animadamente en la barra, con las manos entrelazadas. Claudia y Sergio siguen bailando sin descanso.
-          ¿Salimos un momento afuera? – pregunta Carlos.
-          Vale – responde Silvia que ya estaba un poco acalorada.
Tras ponerse el sello para poder volver a entrar, ambos se sientan en un banco.
-          Hacía mucho que no quedábamos todos – comenta Silvia.
-          Si… tenemos que ganar más a menudo. – responde Carlos sin mucho entusiasmo.
-          ¿Ocurre algo? – pregunta la chica.
-          Verás… Quería hablarte de algo desde hacía mucho tiempo… - empieza.
Silvia espera paciente a que su amigo hable pero en lugar de palabras, le agarra la cabeza entre las manos y la besa.
Cuando se separan ella está anonadada. No puede ser. ¿La acaba de besar?
-          Qué… ¿Por qué me has besado? – tartamudea ella.
-          Me gustas mucho. – responde él volviéndola a besar.
-          Para… - intenta zafarse de él pero la tiene bien sujeta y es muy fuerte.
-          Vamos… sé que tú también me deseas… - dice introduciendo su lengua en la boca de la chica.
-          Carlos… Para… - se separa pero él vuelve a agarrarla y la besa de nuevo.
-          Sabes tan bien… - susurra.
-          Carlos, por favor, somos amigos. Me caes genial y todo eso pero… - trata de decir entre beso y beso.
-          Shhh, ¿tienes idea de cuánto tiempo llevo queriendo besarte? Mucho.  Vamos a un lugar más…

-          Te ha dicho que no quiere liarse contigo. – dice una voz cercana a ellos.





domingo, 3 de noviembre de 2013

Capítulo 4


Cogieron un taxi a las dos del mediodía. Víctor le había preparado una sorpresa, y no le quería decir a dónde iban. Carla estaba nerviosa y muy emocionada. Iban dados de la mano, sonrientes.
-          Ya casi estamos. – dice Víctor – Espera que te voy a tapar los ojos.
-          ¿Qué?
-          Confía en mí. – responde con una sonrisa muy sexy.
Le hace caso y deja que le tape los ojos con un pañuelo. A los pocos minutos el coche se detiene.
-          Espera, ahora te abro. – Escucha a Víctor salir del coche y, a continuación, abrirle la puerta – cuidado con la cabeza.
Con cuidado, sale del coche. Víctor le da la mano, paga al taxista y después la conduce unos metros más allá y se paran. Le quita la venda. Están en medio del puente romano. A su lado hay una mesita redonda y dos sillas a ambos lados. En el centro una rosa, unas copas con champán y un plato de espaguetis a la boloñesa, los preferidos de Carla. Esta no pudo ocultar su sorpresa. La verdad no entendía nada.
-          Recordé la escena que me contaste de la película esa… - dijo al ver mi cara de asombro.
-           Un beso en Manhattan
-          Si, esa. He pensado que nosotros podríamos ser los protagonistas de “Un beso en Manhattan” por un día, con ciertas variaciones…
-          Víctor… muchas gracias – dice Carla.
 En el suelo hay pétalos de rosa. Ambos se sientan en sus respectivas sillas y empiezan a comer. Al principio Carla se siente un poco extraña con toda esa gente que los observa curiosa, las chicas la miran celosas; pero poco a poco se va olvidando de los ciudadanos. Sólo existen ellos, y están enamorados. Sus sonrisas, el brillo de sus ojos cuando se miran o el cosquilleo que sienten cuando se tocan lo demuestran.