viernes, 28 de junio de 2013

Dias negros

Nunca había entendido por qué, cuando en las películas ocurre algún suceso trágico, llueve, el cielo está negro o todo tiene un aire diferente a como estaría en otras circunstancias. El día en que murió mi madre, hace ya un año, hacía sol y mucho calor pero, para mí, fue el día más gris de mi vida. Era como si, de repente, el sol hubiera desaparecido y se hubiera escondido en el lugar más recóndito del universo, los pajarillos se hubieran quedado sin voz y las flores estuvieran mustias.

Los versos que recitaba el cura los oía lejanos y distantes. También oía los gritos de desesperación de mi padre en el momento en que hacían descender el ataúd de mi madre... Yo no lloré, no me salían las lágrimas.  El shock era tan fuerte que me impedía expresar cualquier tipo de emoción.
Todo era muy surrealista, como si estuviera en una pesadilla de la que no podría despertar jamás. Escuchaba a la gente decir cuánto lo sentía, abrazarme... Agradezco su compasión pero sus abrazos no me reconfortaban, en ese momento sólo quería el abrazo de mi madre. Recuerdo los abrazos que me daba cada noche antes de ir a la cama, y cada día si me sentía mal... Recuerdo el aroma de su piel, la suavidad de su piel, el cariño que le ponía a todas sus comidas... La echo tanto de menos... Cuando estoy triste cojo una de sus camisetas y me acuesto con ella, huele tan bien... su olor sigue ahí presente y me hace sentir que está conmigo.
Durante dos semanas no pronuncié palabra, esos fueron mis días más negros... ¿Y los tuyos?

miércoles, 26 de junio de 2013

Marionetas

Soy una marioneta manejada por un cruel titiritero que me tiene bajo su control. Mueve mi cuerpo mediante esos hilos que salen de mis extremidades como si no tuviera vida; no se da cuenta de que noto punzadas de dolor cada vez que manipula un cordón. Pero sin duda lo que más me duele es la humillación que siento cada vez que hago una actuación. Las caras de risa y burla del público cuando hago algo embarazoso o de odio cuando interpreto a un personaje malvado... eso es lo peor. 
Una marioneta admira a su dueño por encima de todo desde el momento en que la compra, no podemos evitarlo. Es la persona que, inconscientemente nos da un hogar y nos cuida. Las marionetas vivimos del empeño y el esfuerzo que poner nuestros dueños al utilizarnos por eso yo me estoy muriendo. Mi dueño se ha hartado de mí y me ha tirado a la basura como si fuera un vulgar juguete.
Noto como se me agota la fuerza; empleo la poca energía que me queda en odiar a mi dueño pero es imposible. No fui creada para odiar sino para amar, por mucho que intente evitarlo.
Y, tras este último pensamiento mi vida se agota, la sonrisa que adornaba mi hermosa cara se desvanece y mi cuerpo yace inmóvil para toda la eternidad